Con los pies en el suelo

Estos días he tenido la ocasión de leer que nos espera un diciembre que se ha calificado como histórico en datos de turismo, restauración y también en buenas ventas comerciales.

Pues bien, por favor, aún a riesgo que puedan considerarme un cenizo debo reclamar a todos que nos quedemos con los pies en el suelo y no pequemos de ensoñación.

Digo esto después de haber tocado con las manos que, con una temporada estival tan positiva los beneficios generados han llegado a los hoteleros, a los restauradores e incluso a algunas grandes superficies y pero, y créanme de verdad, en ningún momento no se han trasladado a todo pequeño comercio local. Al menos no lo han hecho en la proporción que en los sectores que anteriormente he citado.

Estoy contento al comprobar la cantidad de plazas hoteleras que estarán abiertas en Palma este invierno. Seguro que es el mejor dato en años pero es del todo insuficiente.

Veamos. ¿Cuántas plazas hoteleras estarán abiertas fuera de Palma? ¿Cuántas plazas hoteleras hay en los pueblos? ¿Cuántos alojamientos vacacionales seguirán funcionando en Mallorca con la nueva legislación? Estas son las preguntas que hay que hacer por que Mallorca va más allá del centro de Palma, tanto en turismo como en comercio.

El pequeño comercio tiene que confiar de forma mayoritaria en la clientela residente. Esta es la que le da para vivir, más allá de que el turista pueda aportar un añadido más que interesante. Pero estamos en invierno y éste llega después de unos meses en los que el consumo se ha enfriado de forma importante.

La recuperación económica de la que se habla se fundamenta en la creación de empleo. Ahora bien, este empleo se crea con sueldos muy bajos de forma que la capacidad de consumo de la gente de la calle no es ni de lejos la que existía antes de la famosa crisis.

Es obvio pues que a la hora de competir comercialmente se impone el criterio del precio y en esta guerra las grandes superficies tienen la batalla ganada de entrada. Necesitamos instrumentos que nos devuelvan el equilibrio y nos permitan competir en igualdad de condiciones. Necesitamos volver a una situación en la que la calidad, el trato, la garantía sean valores más apreciados.

Para ello no queda otra opción que ir por la senda de un crecimiento pleno y completo que beneficie a todo el mundo y que estimule el consumo de calidad en el pequeño comercio.

El plan sectorial de comercio de Mallorca tiene que ser esta herramienta que todos estamos esperando como agua de mayo. En ella tenemos depositadas casi todas nuestras esperanzas de futuro. Puede que con una ordenación coherente y valiente si que podamos volver a vivir temporadas históricas para el pequeño comercio.

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